miércoles, 10 de febrero de 2016

Entrevista a Susan Sontag




Susan Sontag: "La objetividad no es un término que yo tenga en gran estima." Entrevista x Arcadi Espada
Publicado el 21 junio 2012 por Lilik
http://m1.paperblog.com/i/137/1373923/susan-sontag-objetividad-no-es-un-termino-que-L-bKxVGs.jpeg
Susan Sontag ha publicado recientemente en España Ante el dolor de los demás (Alfaguara, 2003), un ensayo sobre la violencia y su representación, en el que contradice algunas de las tesis de su conocido libro Contra la interpretación. El libro y algunos de sus análisis es el principal tema de la conversación que mantuvo con Arcadi Espada, quien a su vez, en el libro Diarios (Espasa-Calpe, 2003), ha profundizado también en estos temas.
AE: El hecho de que en un libro sobre la fotografía y el dolor falte una alusión al Gulag es significativo.

SS: ¿Qué quiere decir?



AE: Bueno, de alguna manera corrobora la hipótesis de que el Gulag no ha penetrado en la conciencia contemporánea de la misma forma que lo habría hecho de haber habido fotografías de la tragedia.

SS: Yo he dicho eso mismo muchas veces.



AE: Sí, claro. Por eso se lo recuerdo.
SS: Está en el libro. El Gulag está en el libro.


AE: No recuerdo.
SS: Está aunque usted no lo vea. Cuando digo que recordamos y nos preocupamos de lo que ha sido fotografiado es evidente que el primer pensamiento de estas líneas alude al Gulag. Y he dicho y he escrito repetidamente que una de las razones por las que la gente tardó tanto en apreciar y entender el horror completo del sistema soviético fue por la ausencia de documentación fotográfica. Es evidente que cuando digo que las fotografías identifican también quiero decir lo contrario: cuando no hay fotografía el olvido es más fácil. Y hay dos ejemplos clásicos: el Gulag y la guerra civil de Sudán, una guerra que se ha cobrado millones de vidas ante la indiferencia más helada del mundo. O sea que sí. Implícitamente está el Gulag.



AE: Hay muchos ejemplos explícitos.

SS: Y hay muchos otros que no he podido incluir. El libro ocuparía el doble. ¿Lo entiende?
AE: No se lo tome como un reproche. No lo es.
SS: Es que es obvio...


AE: Me parecía llamativo que no se aludiera en el libro a una tragedia no fotografiada. Llamativo y hasta coherente. Eso es todo.
SS: Le enviaré un resumen con todos mis textos y declaraciones sobre el asunto.
AE: De acuerdo. "Encuadrar es excluir", dice usted en un momento del libro.

SS: Sí, la exclusión puede ser tan significativa y ruidosa como la inclusión.



AE: Desde luego, pero querría preguntarle si no cree que esa selección puede reunir un grado tal de objetividad que lo que se excluya sea irrelevante.

SS: No pienso en fotografías de una forma tan abstracta. Cada proyecto fotográfico tiene una intención particular. Y está rodeado de una gran cantidad de contextos particulares. Pienso en la fotografía, tan famosa, de la caída de la estatua de Sadam en el centro de Bagdad. ¿La recuerda?



AE: Sí, la estatua cayendo...
SS: La estatua cayendo, derribada, y en torno a ella un grupo de personas mirando satisfechas. No eran más de veinte personas, pero la peculiaridad del encuadre hacía creer que esas personas eran como una sinécdoque de la plaza. El espectador creía que la plaza estaba repleta de gente que aplaudía satisfecha el momento simbólico de la caída de la estatua del dictador. Era un momento muy importante porque las tropas norteamericanas acababan de entrar en Bagdad. Bien: recordará usted todo eso. Bueno, pues lo cierto es que esas veinte personas eran las únicas que estaban en la plaza. Yo he visto otras fotografías de aquel momento, en la plaza, tomadas con gran angular. La plaza está prácticamente vacía.


AE: Pues en ese caso la foto era falsa. Porque resulta contradictoria con lo que excluye.
SS: ¿Contradictoria? Yo hablaría más bien de énfasis. Ese encuadre pone el énfasis en un lugar... Otra fotografía, otro encuadre. La niña quemada por un bombardeo de napalm en una carretera de Vietnam. La foto forma parte de un paisaje mucho más grande. La carretera está abarrotada de gente que huye despavorida y ella es una más en la tragedia. Naturalmente, el hecho de centrarse en una parte de la imagen y excluir el resto es una forma de dirigir el significado de la foto, de subrayar lo que se pretende que vea el espectador. Luego hay otra cosa importantísima: las fotos no llegan desnudas ni se muestran desnudas. El pie de foto, el contexto donde la foto aparece, quién la está contemplando y por qué, todo eso es fundamental para configurar el sentido definitivo que la foto acabe adoptando.
AE: Yo diría que hay una diferencia esencial entre la foto de My Lai y la de Sadam. En el caso de la estatua de Sadam, lo que queda fuera de la foto contradice el fundamento de su discurso. Pero eso no sucede con la niña de la masacre de My Lai, porque...

SS: Déjeme interrumpirle. En el caso de Bagdad induce a error. Eso podría decirse. Es un fenómeno demasiado corriente, por desgracia. Muchas fotos inducen a error.
AE: En My Lai el encuadre dramatiza, enfatiza, como usted dice. Personaliza una situación general, retórica muy propia del periodismo.
SS: Sí, estoy de acuerdo. Yo siempre digo que el encuadre afirma y que, como cualquier información, puede inducir a error. Es lo que distingue la fotografía de la pintura. No hay una afirmación pictórica.



AE: Resumiendo: encuadrar es excluir pero no siempre con las mismas consecuencias.
SS: Desde luego. Si no, todas las fotos inducirían a error. Y no todas las fotografías son erróneas ni mienten. Yo no digo esto. No tendría sentido decir una cosa así.


AE: En cuanto a la objetividad...
SS: La objetividad no es un término que yo tenga en gran estima. No creo que explique demasiado. En parte porque es un elemento polarizado, parte de una dicotomía. En el momento en que dices objetivo obligas a hablar de subjetivo. Y no es eficaz. Es, como si dijéramos, una alternativa demasiado cruda. Y no creo que sea la forma correcta de hablar de fotografía. Lo que hay que buscar en las fotografías es que sean capaces de darnos la mayor cantidad de información posible sobre una situación cualquiera que se ha producido, que ha sido real. Entendiendo siempre, claro está, que sobre una situación real la información será siempre incompleta. Yo creo que la tensión entre objetividad y subjetividad crea muchos problemas falsos, y que la primera obligación de cualquier análisis es evitar la posibilidad de que aparezcan problemas falsos.



AE: Usted habla de la diferencia, en lengua inglesa, entre "tomar una foto (to take)" y "hacer una fotografía (to make)". Es una diferencia muy interesante.

SS: Permite determinar la capacidad de intervención del fotógrafo, ja, ja.



AE: ¿En inglés no se ha producido un desplazamiento léxico entre hacer y tomar?
SS: No, no. Por fortuna.



AE: En español, al menos en el español de España, ya nadie dice "tomar una foto".

SS: Pues lo siento, de veras.



AE: La ausencia de fotos en la catástrofe del 11 de septiembre. De fotos de cadáveres...

SS: Me pareció muy mal. Yo soy partidaria de que circule siempre la mayor información posible.



AE: Aunque sea brutal.
SS: Las fotos brutales exigen una brutalidad previa que es necesario conocer. Con la que es necesario encararse. Una sociedad democrática debe someterse a ese tipo de ejercicios. Si no se convierte, en cierto sentido, en una sociedad cómplice de la brutalidad.
AE: Antes de seguir en el análisis quisiera preguntarle si efectivamente existen fotos del 11 de septiembre vetadas al público.

SS: Sí, existen...
AE: Hay quien dice que la tragedia no dejó ni siquiera cadáveres. Sólo cenizas.

SS: Dejó muchas cenizas y muchos cadáveres.
AE: ¿Usted ha visto alguna de esas fotos?

SS: No, yo no las he visto. Pero las han visto gentes de mi máxima confianza, editores, cámaras, fotógrafos... Ellos me han dicho repetidamente que esas fotos existen.



AE: Y que fueron censuradas.
SS: Exacto.



AE: ¿El cadáver de un acto terrorista no deja de ser un cadáver privado para convertirse, en cierto modo, en un cadáver público?
SS: Hummm. Pregunta perturbadora. Es verdad. Sí, creo que es verdad. Pero es muy difícil atreverse a decir eso.



AE: Hace algún tiempo se lo pregunté al hermano de una víctima del terrorismo etarra. Asintió con una claridad y una energía emocionantes.
SS: Es muy duro. Y esa reacción que me cuenta es muy hermosa y valiente. Pero no todas las víctimas reaccionan igual, claro. Y cómo no respetar el derecho de las víctimas en ese trance. Es un asunto muy complicado. Pero, en fin, yo considero, en cualquier caso, que la decisión de ocultar el cadáver es mucho peor. Las consecuencias son mucho peores. Los familiares pueden prohibir la exhibición de las fotos o los vídeos, claro... Es lo que sucedió con el vídeo del asesinato del periodista del Wall Street Journal, Daniel Pearl, por un grupo terrorista islámico.


AE: Realmente es un caso extremo. Es que no sólo se trata de un cadáver sino de un degüello, de la filmación de su asesinato.
SS: Y filmado para que se exhibiera, desde luego. Su exhibición se prohibió por dos motivos. Primero el buen gusto, el pudor. Luego, porque podría ofender a su viuda. Desde luego, no se trata de una decisión fácil. Pero aun así, creo que deberíamos poder verlo.



AE: Sinteticemos, si le parece: ¿por qué deberíamos verlo?
SS: Si se parte de la idea de que hay fotos que ayudan a entender la realidad, la cuestión se aclara. Aunque no de una manera contundente, absoluta, porque siempre habrá resquicios por donde se colarán los derechos y los sentimientos de los otros. En realidad mi libro está dedicado a saber cuánto puede mostrarse de lo real. A mi entender esta es una pregunta clave.


AE: De la guerra puede mostrarse muy poco, dice usted repetidamente.
SS: La guerra. Las fotos nos transmiten una cierta imagen de la guerra, vinculada al acontecimiento, al estallido, a una acción determinada. Pero lo crucial de la guerra es lo que sucede después. ¿Cómo se fotografía lo que sucede después? O pensemos en la hambruna de África. ¿Cómo se fotografía el hambre, más allá de las circunstancias agónicas de estos niños esqueléticos que vemos cíclicamente cuando en un poblado o una región determinada la situación se desborda? Bueno, éste es un problema muy importante. Mucho más importante que si a raíz de un hecho concreto se muestran o no determinadas fotos que puedan ofender el gusto, la moral o la sensibilidad.


AE: Habla de William Hazlitt y del ensayo que dedicó al Yago de Shakespeare.
SS: Sí, Hazlitt, Burke...
AE: Permítame que le lea a los lectores la cita de Hazlitt, a propósito de la atracción de la maldad: "¿Por qué —se pregunta Hazlitt— siempre leemos en los periódicos las informaciones sobre incendios espantosos y asesinatos horribles?" Y responde: "Porque el 'amor a la maldad', el amor a la crueldad, es tan natural en los seres humanos como la simpatía".

SS: Sí, me parece que Hazlitt tiene razón. Y Burke, que decía que las desgracias de los demás nos procuraban placer.
AE: ¿No le parecen apreciaciones algo cargadas de malditismo literario?

SS: No, la verdad.



AE: Quizá se trate sólo de un efecto parecido al de los cuentos de terror: realmente es horrible, pero yo no estoy ahí.

SS: Es su opinión. Prefiero la de Hazlitt. Creo que su observación sobre los otros es muy atinada. Hay mucha gente que tiene un potencial sádico muy fuerte y que no lo externaliza a menos que la autoridad se lo permita.


AE: ¡Vaya! Fieras babeantes con bozal.SS: Le recomendaría que no se pusiera delante. Hay gente con una enorme capacidad de crueldad, que disfruta con el dolor que se inflige a los demás. La verdad, no creo que sea una cuestión vinculada con el hecho de sentirse bien, con el hecho de no estar ahí, en el lugar del sufrimiento.


AE: ¿Por qué no?: al fin y al cabo, no es nada más que la lógica banal del superviviente.

SS: No lo creo. ¿Por qué la gente se para en la carretera a mirar un accidente de automóvil?
AE: Es una noticia. Una interrupción en la vida. Llama la atención.

SS: Y excita.



AE: Insisto: ¿no cree que hay alguna literatura que va muy cargada de demonio? El propio Bataille, que usted también cita a propósito de la foto del prisionero sometido a la tortura mortal de los cien cortes.

SS: Me es indiferente. En realidad la literatura me es indiferente. Diga que cito porque queda bien.



AE: Muy bien.

SS: Yo parto de la realidad. Ni me interesa Hazlitt, ni Burke, ni Bataille, ni Baudelaire, ni el malditismo, ni lo demoníaco, ni nada de eso. ¿Sabe lo que a mí me interesa?


AE: ¿...?SS: Ruanda.
AE: El genocidio.
SS: El genocidio a cuchillo de Ruanda. La literatura es totalmente secundaria. A mí me interesa la realidad. En seis semanas, ochocientas mil personas, OCHOCIENTAS MIL PERSONAS, fueron asesinadas en Ruanda. Por sus vecinos. POR SUS VECINOS. Cada una de esas personas murió de una manera individualizada, pasada a cuchillo. Mire la historia de la humanidad. Mírela fijamente: ¡le importa un rábano lo que dicen los escritores! Ruanda. ¿Sabe usted lo que es Ruanda?
AE: No, no lo sé.

SS: Ruanda es un pequeño país. Un pequeñísimo país. Más pequeño que Cataluña. Y con un noventa y cinco por ciento de sus habitantes que son católicos. ¿Para qué tengo que leer a Baudelaire?
AE: ¿...?
SS: Yo no apelo a la autoridad del intelectual. Insisto en que nadie ha escuchado al intelectual. Tenemos que redescubrir el retorcimiento de los seres humanos. Yo cito a estos escritores no para refugiarme en su autoridad, sino sobre todo para decir qué extraño es que sigamos redescubriendo a cada paso lo mismo. Qué extraño es que redescubramos lo evidente. Qué extraño es que no nos hayamos convertido todavía en adultos morales o psicológicos. Lo siento: me siguen sorprendiendo estas crueldades indescriptibles de los seres humanos.



AE: Mostrar el dolor. Hace treinta años dijo usted en Sobre la fotografía que la exhibición repetida del dolor anestesiaba la percepción.

SS: Siempre estoy en discusión conmigo misma. Hoy mismo ya me discuto cosas de este último libro. Imagínese lo que pienso de lo que escribí hace treinta años. Pero, en fin, creo que no es cierto que la exhibición de las imágenes del dolor anestesien la conciencia del hombre.
AE: Este punto de vista acabó convirtiéndose en un lugar común. Hay muchos directivos en los periódicos que se niegan a exhibir cadáveres invocando su punto de vista, aunque no sepan que es suyo.

SS: Sí, parece que ha llegado a convertirse en un lugar común.



AE: ¿Qué le hizo cambiar de opinión?

SS: La realidad. La imagen de Cristo, por ejemplo. ¿Cuántos años llevan sus fieles contemplando ese hombre ensangrentado, agonizante, desnudo, a tamaño natural? Si fuera cierto que nos acostumbramos al sufrimiento, hace mucho que los católicos habrían dejado de conmoverse. No lo han hecho. Esto es lo real. A veces tenemos que someter lo que pensamos a este tipo de verificaciones decisivas. Si te sientes comprometido con determinadas imágenes, las hayas visto una o cien veces seguirás sufriendo.



AE: Sí. Una imagen contemporánea, por ejemplo: el avión que va a estrellarse contra una de las Torres Gemelas.
SS: Sí, claro, nadie va a olvidarla.
AE: Esa imagen ha sido observada estéticamente. Sí, digamos "estéticamente".

SS: ¿Quiere decir que hay quien la ha visto bella?


AE: Sí, eso mismo.SS: ¿Y?

AE: ¿Qué le parece?SS: Todas las fotografías embellecen lo real.


AE: Yo le pregunto si es posible advertir ahí la belleza, aunque se trate de una belleza siniestra.

SS: Sí, es posible.



AE: ¿Pero el que mira no se ve automáticamente en el avión?

SS: Hummm... No, no creo que la gente se sienta dentro. La gente siente, como en la vieja frase de Aristóteles, lástima y terror. Pero de ahí no pasa. No creo que por mirar las fotos de los bombardeos de Madrid del 36 la gente se instale automáticamente en el Madrid del 36. No, no me lo creo. Es respetable esa actitud, pero no creo que sea la del común de las gentes. La gente ve una imagen y la juzga. La juzga, además, insisto, partiendo del principio de que cualquier foto embellece la realidad. Y sobre todo, aunque esté de moda ponerlo en duda, sabiendo perfectamente que una cosa es la fotografía y otra distinta lo real.



AE: En realidad lo que yo quería preguntarle es si la belleza es un término operativo en este tipo de imágenes.
SS: Una foto puede ser terrible y bella. Otra cuestión: si puede ser verdadera y bella. Este es el principal reproche a las fotografías de Sebastiao Salgado. Porque la gente, cuando ve una de esas fotos, tan sumamente bellas, sospecha. Con Salgado hay otro tipo de problemas. Él nunca da nombres. La ausencia de nombres limita la veracidad de su trabajo. Ahora bien: con independencia de Salgado y sus métodos, no creo yo que la belleza y la veracidad sean incompatibles. Pero es verdad que la gente identifica la belleza con el fotograma y el fotograma, inevitablemente, con la ficción.



AE: Hay en su libro párrafos violentos contra la françoiserie: Baudrillard, Glucksmann...

SS: Ja, ja, françoiserie. Es una visión muy provinciana de lo real. Lo real no es un simulacro. Desgraciadamente para muchas víctimas, lo real no es un simulacro. No creo que ese discurso merezca mucho más comentario.
AE: Es un discurso imperante en las universidades norteamericanas.
SS: Hay muchos otros discursos en América, y muy imperantes, que son despreciables.
AE: Usted suele hablar bien del periodismo. Más allá de sus simulacros, ¿cree que el periodismo nos ha hecho más solidarios al extender el dolor de los demás?
SS: Todo en el siglo veinte ha sido un arma de doble filo. También el periodismo. Es verdad que nos ha permitido saber de los otros, de sus tragedias y de sus necesidades. Pero también ha contribuido a una globalización cultural y moral que en buena parte está asentada sobre premisas falsas. El periodismo ha llenado nuestra vida de imágenes falsas. Es verdad: tenemos una idea de lo que pasa en el mundo como nunca nadie la tuvo antes. Pero a veces esa idea es demasiado nominal. Y se mezcla con la propaganda. Ya ve usted que voy de un extremo a otro. De un filo a otro. Aunque quizá lo peor de esta propaganda diseminada por el periodismo sea este mensaje: "Esto es lo que hay en el mundo, ahora ya lo conoces, pero poco puedes hacer para cambiarlo". Esta impotencia. Este aviso de que el conocimiento de las cosas no se transforma en una energía para cambiarlas. La posibilidad, incluso, de que tanto y tan variado conocimiento llegue a aturdirnos y a reforzar la impresión de que el cambio es más complejo de lo que es en realidad. Porque luego es cierto que observadas las cosas de cerca, una a una, no parecen tan complejas.



AE: Sí, la saturación, el agobio mediático.

SS: Y la posibilidad de que los horrores puedan acabar convirtiéndose en un espectáculo. Yo defiendo el periodismo. Soy una gran defensora del periodismo. Viví en Sarajevo al lado de los periodistas. Comprobé cómo trabajan. Puedo decir que la mayoría de ellos son gente honrada. Y, sobre todo, no son gente endurecida, como quiere el tópico, sino que tratan de contribuir con su trabajo a la mejora de las condiciones de vida generales. Cuando la gente habla de la corrupción del periodismo hay que mirar en muchas direcciones. También en la dirección de los propietarios de los periódicos. O sea que, en este sentido, Baudrillard y demás podrían tener su parte de razón, cuando sugieren que debido a esta corrupción el común de los hombres se vería en dificultades crecientes para distinguir entre las imágenes y la realidad. Pero esa visión siempre sugiere un menosprecio de lo real, y del que sufre lo real, falso: aun hipnotizada, drogada, la gente no pierde el sentido de lo real.



AE: La gente...
SS: Déjeme explicarle un anécdota significativa. Mire, después del ataque a las Torres Gemelas, varios grupos de personas que habían conseguido escapar fueron apareciendo por las calles. Los iban entrevistando las cámaras de televisión. Estaban todos ellos cubiertos de ceniza, agobiados, aterrorizados. Les ponían el micrófono en la boca y les preguntaban cómo se sentían, cómo había sido, esas cosas. Algunos de ellos explicaban: "Ha sido como una película". ¿Quiere eso decir que lo real y lo ficticio ya no se distinguen? En absoluto. Esa fue una interpretación muy extendida en aquellos días, pero falsa. Lo cierto es que cuando se produce un trauma de estas características se tarda un poco en absorber la realidad. Hace cien años estas gentes habrían dicho que era como un sueño. Hoy dicen que como una película. Pero a nadie de aquellos que salían se le habría ocurrido dudar de que aquello fuese cierto. Sólo decían que les sorprendía mucho que lo que habían visto en las películas se hiciese de pronto realidad. Era su forma de significar la magnitud de la catástrofe. No de significar sus dudas. Lo que importa de las personas son las experiencias propias. ¿Me deja que le cuente otra anécdota?
AE: Y mil que contara.

SS: 1969, en el sur de Marruecos. Pleno desierto. Una pequeña cabaña con luz eléctrica y un café con televisión. Armstrong acaba de pisar la Luna. Yo me acerco al hombre que sirve el café. Por la tele se ven los saltitos de los astronautas. Yo se lo comento al hombre: "¡Es fantástico, la gente está en la Luna!" Mueve la cabeza y dice que no. "¡Cómo que no!", le digo y casi le obligo a salir fuera, y mirar al cielo, donde brilla la Luna. "¡Están ahí!", le digo, señalando indistintamente la Luna y la televisión. El hombre se ríe, me mira y me dice: "¡Qué va: es sólo televisión!" En cierto modo está bien fiarse de las experiencias personales.



AE: Al final del libro dice usted que la guerra es inefable.
SS: Sí, me acuerdo.


AE: Es desmoralizador.
SS: ¿Por qué?
AE: Es desmoralizador que el arte no sirva en los momentos gigantescos.

SS: No es cero o cien. No se trata de que no sirva. Se trata de que cualquiera que haya visto la guerra sabe que su representación poco tiene que ver con ella. Sí, está Tolstoi, está Goya. Pero no estaban allí. El ruido, por ejemplo, el ruido de la guerra. Si no ha estado no puede imaginárselo. Como un concierto de rock en el que usted estuviera con la oreja pegada al altavoz y multiplicado ese ruido por cinco. ¿Donde está ese ruido? ¿En qué cine? ¿En qué sala de concierto? ¿En qué teatro? El arte sólo es un gesto en la dirección de esas experiencias. Un gesto solo, aunque imprescindible.


La enfermedad y sus metáforas / El sida y sus metáforas, de Susan Sontag
Publicado el 03 enero 2011 por José Angel Barrueco
La enfermedad y sus metáforas / El sida y sus metáforas, de Susan Sontag
En estos días me ayuda la lectura de libros relacionados con el tema que he vivido en los últimos meses. Esa es una de las razones para leerlos. La otra es que, como ya dije, en breve (quizá esta misma semana o, a más tardar, la próxima) empezaré a escribir otra novela y necesito empaparme de citas y datos como los de abajo, que forman parte de estos dos ensayos de Susan Sontag, reunidos en un único volumen. Aunque han pasado bastantes años desde su publicación (el primero, por ejemplo, se publicó en los 70), no han perdido vigencia. Son muy interesantes las metáforas asociadas a enfermedades como el sida, el cáncer o la tuberculosis, en las que no faltan la jerga militar e informática. Sontag nutre estos ejercicios con numerosos ejemplos literarios. Una muestra:
Se suele creer que la tuberculosis, desde un principio, es rica en síntomas visibles (demacración progresiva, tos, languidez, fiebre), y que puede revelarse repentina y dramáticamente (la sangre en el pañuelo), mientras que los principales síntomas del cáncer son, típicamente, invisibles hasta el último momento, cuando ya es demasiado tarde. La enfermedad, que suele descubrirse por casualidad o en un examen de rutina, puede estar ya muy avanzada sin haber mostrado ningún síntoma apreciable. Uno tiene adentro un cuerpo opaco que hay que enviar a un especialista para ver si hay cáncer. Lo que no puede percibir el paciente lo determinará el especialista mediante el análisis de tejidos extraídos del cuerpo. Los tuberculosos pueden observar sus radiografías y hasta quedarse con ellas: los internados del sanatorio de La montaña mágica llevan sus radiografías en el bolsillo. Los cancerosos no miran sus biopsias.



Agua en el Perú: Problema y algunas soluciones





Agua en el Perú: Problema y algunas soluciones
Med. Hugo Rengifo Cuéllar
EL problema del agua para los diversos usos que necesita la sociedad peruana, requiere de cambios profundos políticos, socioeconómicos .pues existen problemas de diversa cuantía y origen, unos porque se tiene una doble impresión en el esquema mental del agua en la población, uno es el urbano y el otro el rural.
Comencemos por este último: existe desde tiempos prehispánicos, lo que algunos estudiosos han llamado las sociedades hidráulicas el “culto del agua” pero no en el sentido, que se atribuye según las connotaciones cristianas  sean católicas o protestantes, sino más bien se tenía en cuenta su escasez en algunas épocas del año y lugares y abundancia incontrolable en otros espacios y tiempos, asi como los periodos y vaivenes climatológicos que nos tiene acostumbrados el ENSO.
Para paliar estos fenómenos naturales y poder aprovechar, los beneficios de tener  agua corriente, y aprovechable en todo el año, se elaboró  un complejo sistema de rituales para favorecer a los seres que proveían el agua y de cuyo temperamento dependía su vida( No existía el concepto de deidad ni divinidad ni menos un ser supremo altamente organizador , como se tiene ahora con la contribución que vino con la conquista y que trae mitos medio orientales integrados en una fe católica )
Estos rituales, escondían o mejor dicho paliaban el propósito forzoso de limpiar los canales ,ejecutar obras de irrigación y provisión del líquido , llevar el agua de zonas en que había abundancia a otra en donde no la había ,  ejemplos tenemos en la costa norte , el canal Raymi que une cinco cuencas  de régimen variable y favorece la ampliación de la frontera agrícola  desde hace dos milenios , O el canal Cumbe que lleva  agua de una vertiente  (oriental) a la occidental (proeza pocas veces igualada en el mundo). En el sur tenemos las galerías filtrantes en los desiertos de Nazca y Ocucaje que aprovechan el agua  de las napas subterráneas, además de los diversos modos de aprovechar los sembríos en zonas casi áridas como las chacras hundidas, las amunas, etc. 1-(ver Lechtman y Soldi )
Con el advenimiento de la invasión cambiaron los objetivos, los vencedores y se tuvo un aprovechamiento distinto ,se abandonaron las obras de irrigación manteniéndose las que servían para los propósitos de ganadería alto andina con animales importados y dañinos, la introducción de vegetales europeos que requerían otro régimen hídrico ,y sobre todo la importancia dada a la minería que provocó la desestabilización agraria y el relegamiento de una agronomía de subsistencia para las grandes masas andinas  dejando las mejores tierras y usos del agua para el beneficio de los nuevos dueños de las grandes extensiones de terrenos formadas tras el genocidio indígena y que fueron el núcleo de las haciendas que obligaban a los anteriores dueños a trabajar en beneficio de los nuevos.
En las zonas rurales, existe todavía  esta cosmovisión del agua  que se manifiesta en diversos rituales que acompañan a las diversas labores de creación, crianza y conservación del líquido elemento  para su uso como para el uso agrícola.
Esta cosmovisión del agua  ( como sucede en otros campos de la economía humana ) no es comprendida ni por las autoridades ni por los sectores encargados de proteger a esta población y mucho menos es entendida por los profesionales  que se suponen van a ”modernizar “ o innovar la zona andina ( al decir Andino me refiero desde el mar hasta al selva dejando de lado la anticuada dicotomía entre el ande o serranía y la amazonia, teniendo en cuenta, sin embargo, variaciones especificas culturales y geográficas que no ameritan una división tajante entre los tres espacios andinos antiguos).
Hace poco, en la RAS, tuvimos la presencia del Ing. C.  Calderón de la UNMALM que nos relató la fiesta del agua en Ocollo un distrito rural de la zona de Huancavelica  y poco antes el Antropólogo Juan José García nos dio una conferencia muy ilustrativa sobre la cosmovisión andina.
Es una lástima que estos temas tan importantes no se impartan en la formación de pregrado y aún en el colegio pues nos ayudarían a entender mejor al otro y a aprovechar eficientemente nuestro accionar en los proyectos que inspirados o imitando la metodología extranjera queremos aplicar a raja tabla en las poblaciones sin darnos cuenta si son verdaderamente aprovechadas o entendidas y si son sostenibles en el tiempo o solo sirvieron para tener un mayor ingreso por parte de las organizaciones  proyectistas. 
Junto a estos problemas de abastecimiento y lucha por el agua  con otros sectores, se tuvo el conocimiento de la contaminación  natural de los cursos de agua por ser el interior montañoso, muy mineralizado, y a veces esta contaminación es atribuida  a la,  justa o injustamente, minería que ocupa casi siempre las partes  altas de las cuencas.
Las ciudades, tenían otro problema grave que se mantuvo a través de los 450 años de virreinato y republica casi sin modificar  y es el de la provisión de agua para el consumo humano y para el servicio doméstico, pequeñas industrias casi artesanales, y el riego de las huertas internas de autoconsumo.
En muchas ciudades como Lima, Arequipa, Cusco se utilizaron las obras de canales prehispánicos  que proveían de agua a los antiguos vecinos de los sitios. Solo se mejoraron tendiendo cañerías de arcilla vidriada desde la atarjea del rio  a los pilones y piletas de donde se abastecían el servicio de las casas. EL desagüe era inexistente, las deyecciones se eliminaban a la calle donde eran arrastradas por las acequias o canales que iban por medio de ellas o eran eliminadas por los gallinazos, en el caso de Lima y otras ciudades costeras    , Solo muy entrado el S xix se desarrollaron sistemas de  provisión de agua a domicilio  y las obras sanitarias tuvieron que esperar hasta el s XX. 
La calidad del agua provisionada no era de lo mejor  y muchas veces era contaminada desde la fuente.       
A mediado del S XX hubo una fuerte expansión demográfica, tanto por las migraciones internas que provoco una mayor demanda de agua en las urbes que no fue seguida muchas veces por la oferta  ni en calidad ni en cantidad , evidenciándose el primer problema  de demanda y oferta.
El   agua  tiene una prioridad única pues es necesaria para el desarrollo de la vida no solo del hombre sino de la naturaleza que lo rodea. Incluso el tan manoseado politiqueramente “derecho humano al agua”, debe ser reemplazado por el  “Derecho Natural al Agua “ o sea para todo ser vivo , ya que existe una cadena trófica en que todos aprovechamos y el hombre también forma parte de ella  , entonces debe velar por su mantenimiento y tener  condiciones y  oportunidad de agua para todos.
El agua  es requerida en orden decreciente, por la agricultura, el hombre para su consumo, la industria y la minería, sin embargo es contaminada inversamente , minería, industria, población y agricultura ( esta por el uso creciente de fertilizantes y plaguicidas puede aumentar el grado de contaminación) . en general todos requieren , una provisión permanente y segura, lo que ocasiona conflictos  entre estos demandantes que tiene origen en el apoyo político a determinados sectores ,viéndose además un aspecto de discriminación interna entre la costa y el interior del país, lo que aumenta la gravedad de los conflictos  además que el estado no llega a supervisar todas las fuente de agua.

Otro problema importante es la ignorancia dela sociedad del valor económico, social y necesaria para la vida  así como cuán importante es contar con la cantidad de agua de calidad segura y en el momento necesario .Es necesario concientizar a la población para que se den cuenta de que para  contar con este beneficio (no recurso) tan importante , es necesario invertir en él y tener un racional cuidado, uso y conservación.

La diferencia entre recurso (término propio del liberalismo o capitalismo) distinto al de componente vital es trascendental y básica para lograr un correcto uso del agua. Y es la nota que debe dominar y presidir todas las acciones  inherentes al líquido elemento.
La legislación actual para el uso del agua es frondosísima, y todavía no ha incorporado el concepto de no-recurso ni totalmente el del famoso “manejo integral de cuenca”. Se requiere un cambio de mentalidad entre los legisladores, los intérpretes legales y los  aplicadores de las leyes para que entiendan este paradigma y coloquen primero la prioridad natural incluyendo la humana  delante de las otras socioeconómicas, las que al solucionar la primera se beneficiaran solas con creces  de esta priorización.

La gestión del agua es primordial y debe ser hecha a nivel de cuencas hidrográficas  aunque no coincidan con las políticas. Y es más importante considerar como usuarios de este elemento a los habitantes naturales o nativos de estas cuencas antes que a los foráneos que se acercan a explotar los recursos naturales y que aparentemente puedan traer la “modernidad “ pero unida a peligros y riesgos mayores que los beneficios.
Sin este nuevo paradigma nada es viable y se van a seguir perpetuando las luchas entre los que necesitan el agua para vivir y los que lo consideran como un recurso más.
La gestión por cuencas es importantísima, pero sobre todo debe tenerse en cuenta la prioridad de los habitantes de las zonas altas y cabeceras de cuenca que deben criar y conservar el agua para beneficio de los que estan abajo . Este pensamiento debe influir sobre los que hacen los planes y proyectos de ingeniería y no aplicar ciegamente soluciones que son válidas para otras realidades y no para la nuestra. Debe instalarse un uso racional desde el inicio de la cuenca hasta el abanico final y este debe ser inspirado, auspiciado y protegido por el Estado y sus organismos.
Incluso las malas prácticas en cultivos deben ser normadas por un plan general que vea el beneficio  para todos y no solo para una empresa o individuos como. p. e. el sembrar arroz en un desierto, (cultivo intensivo en requerimientos de agua escasa) mientras en la selva, esta abunda sin mengua y más bien se siembra cultivos extensivos favoreciendo la  deforestación para la exportación (palma aceitera) o se introducen especies exóticas que requieren gran cantidad de agua y compiten  con la flora nativa impidiendo su desarrollo (tipo eucaliptos).  
La explotación minera ,abundante en el país debe hacerse con los cuidados necesarios para no contaminar las partes bajas de las cuencas y deben utilizarse las últimas tecnologías existentes ( que no son las más caras )  , que deben estar en conocimiento de los profesionales estatales   que supervisan a estas empresas y debe mantenerse una vigilancia para evitar y controlar los posibles accidentes  que pudieran haber. Una forma de mantener barato y eficiente este control  es remunerar por encima del promedio a estos encargados para que no sucumban a las tentaciones de corrupción.
En las partes bajas de la costa especialmente en los nuevos suelos ganados por los grandes proyectos hidroenergéticos, debe priorizarse, cultivos con baja demanda hídrica  y con requerimientos nutritivos poco exigentes, aun en contra de la imposición del sector privado, debe aumentarse  el aprovechamiento de la energía producida favoreciendo la presencia de polos agroindustriales.
Debe equilibrarse  el uso del agua superficial con la del agua subterránea teniendo la precaución de llenar los acuíferos y sobre todo impedir la salinización del terreno. Cuidar y prevenir  las descargas periódicas de agua en forma intensa, que se van a seguir realizando  pero que no se tiene la suficiente previsión de ello pesar de ser inmemoriales y casi calendáricas.

Este cuidado de las cuencas y las medidas de prevención, tendrán su  recompensa en una menor erosión de las riberas y  en menores daños de las ciudades  y asentamientos ribereños.
  
Como el agro usa un alto porcentaje del agua disponible y su uso no tecnificado permite un desperdicio también muy alto (se calcula que ambos lleguen a más del 80%), se requiere el uso de buenas prácticas de cultivo, de manejo adecuado de plagas., etc. y un correcto asesoramiento de la población dedicada al agro, resucitando los técnicos agrícolas, previa  correcta capacitación de estos según los nuevos paradigmas.    
Se debe utilizar cultivos con alta rentabilidad que compensen la escasa área utilizable y rehabilitar los andenes, manera  simple de extender la frontera agrícola en varios cientos de miles de hectáreas aprovechables de alto valor productivo por haber estado en barbecho o descanso durante cientos de años, aprovechando el aumento de temperatura. El sembrar estos terrenos ganados al abandono con productos de alto valor nutritivo y alta necesidad de mano de obra significará  recuperar el alto puesto que se tenía como país agrícola autosuficiente en cantidad y calidad alimenticia. Y recuperar la primacía en productos que marcaban la diferencia y ahora tienen un mayor valor como es el algodón nativo resistente a plagas  y frutales y plantas  nativas de alto valor vitamínico, nutricional  y medicinal. E incluso debemos cambiar la producción de plantas y vegetales  agro comerciales  pero que su reemplazo por otros cultivos más extensivos  de menos requerimientos hídricos puede ser más rentable para el estado y la sociedad aunque el empresario en cuestión se oponga momentáneamente por creerse afectado 
Para que se pueda aprovechar ad integrum las ventajas  supuestas se debe implementar un correcto plan de vías y medios de transporte, barato, eficiente y amigable con el ambiente, siendo el menos 
destructor, el ferrocarril.
Y por último aunque no lo último, es el costo que debe tener el agua para todos los usuarios, debe haber tarifas preferenciales,  de trueque a cambio de labor como se hacía ancestralmente  para los medianos y pequeños  usuarios, y aplicar tarifas que incluyan un aporte solidario para los consumidores más intensos y contaminantes. En general el uso del agua debe ser auto sostenible incluyendo los sobrecostos en descontaminar  las fuentes de agua y en obtener una calidad de agua segura para bebida.   

Este momento es apropiado para explicitar políticas que puedan servir para todos y solucionar los problemas  esbozados, Se requiere una visión holística de los problemas del agua que están imbricados con casi todos los problemas de la sociedad. Es importante encontrar soluciones que satisfagan a todos aunque algunos parezcan perder y otros ganar no es tal y es el momento apropiadísimo ya que se ingresa a una etapa de cambio político.
El agua al ser un elemento vital (no un recurso repito), debe ser objeto de nuestra máxima prioridad por irnos en ello la vida y el futuro.
Lima .4 de febrero del 2016
Hugo Rengifo C.  



,
  
.